domingo 31 de enero de 2010

Medias verdades, Julián Peragón

Todos sabemos que hay verdades tan eternas e infinitas que han dado mil vueltas al universo haciéndole al mismo un traje a medida. Son verdades inapelables, frías como los témpanos que no se derriten ni en la canícula, trazadas con rectilínea para llegar al objetivo sin un tibio devaneo ni un asomo de duda. Son verdades con mayúscula, de redonda perfección y sin mácula alguna.

Verdades tan absolutas que ya estaban aquí antes de nacer y que refrescaron la memoria en los libros de primaria junto con el bocadillo de atún que regalimaba aceite. Después se encerraron en voluminosas enciclopedias de consulta que nadie tuvo tiempo de abrir y aun menos de cuestionar, a sabiendas que permanecerían mucho más allá de nuestra muerte, por los siglos de los siglos. Son verdades de amen y cátedra que te dejan tan y tan pequeñito que su sola presencia te aplasta.

Muy al contrario que otras verdades que corren como la pólvora y te atraviesan como un vendaval poniendo todo del revés por el gusto perverso de llevar la contraria o de marcar la diferencia que es otro tipo de perversión. Son verdades de esloganes que pasan a la velocidad trepidante de veinte segundos antes de poder reaccionar, o de modas rabiosas que se contaminan boca a boca a altas horas de la madrugada. Y de las que un día nadie más se acordará.

También hay verdades numéricas que tienen el deje del tanto por ciento y que mezclan manzanas con peras para que cuadren los resultados. Verdades estadísticas que solo te dejan decir si, no, o ha tardado más de dos segundos en contestar, lo siento. Verdades que agrupan montones sin alma con montoncitos insignificantes y los ponen en columnas rosadas o pasteles fraccionados. Aunque los números desafinan cuando cantan.

La verdad de las verdades políticas es que nunca dicen nada para no mentir. Se dicen medias verdades para que todos entiendan lo que quieran entender y al final solo se ven grandes mentiras pues las verdades como la fruta madura fermenta si no se come al momento. Son verdades que se eructan en mítines o que se esculpen en cabeceras de periódicos sin subtítulos.

Pero no nos olvidemos que hay verdades subterráneas que van desde Tokio a Nueva York sacudiendo bolsas y valores, marcando el ritmo de otras verdades menores. Son verdades con metrónomo, que valoran la rentabilidad de algo aplicando una fórmula matemática según la cual se puede conceder un crédito para una presa pero no para paliar sufrimientos.

Y hay verdades de concilios que van a misa aunque los tiempos cambien. Con una beatitud inmensa te condenan al infierno por hacer lo que el instinto sensatamente marca. Y es que hay verdades insolubles con cualquiera que no rece la misma estrofa y que prefieren ser aceite o vinagre pero nunca una rica salsa. Son, sin duda, verdades como un templo que están trazadas por el Mismísimo pero que cuando se ponen en boca de su representante aquí en la tierra suenan a rancios augurios de malos tiempos.

Y he visto verdades terapéuticas afiladas como dardos que se meten en heridas narcisistas y fragilidades sentidas sin dejar un títere con cabeza. Verdades de boumerang que todo lo ven como proyecciones o como complejos y carencias del tiempo de los biberones.

Y verdades emocionales que chantagean sin dejar de victimizarse. Y verdades que aman absolutamente para después odiar con la misma intensidad, que prometen todo y que no dan nada. Verdades fatuas que no brillan más que un fósforo. Verdades ingeniosas que en un momento creen saberlo todo.

También hay verdades hipócritas que se vuelven columnias al volver la esquina. Y mentiras piadosas de limosna y palmadita, y verdades siseadas que no alzan el vuelo ante grandes farsas y, en fin, verdades exóticas que a nadie le interesan porque todavía creemos en los mitos de las Antipodas.

Pues bien, hay verdades de cama que bajo las sábanas son puro fingimiento, y chismes airados que crecen como rumores hasta convertirse en mitos eternos. Hay muchos que mueren por la boca como los peces, y otros que no sueltan prenda aunque su verdad salve vidas futuras. Verdades encerradas en cajas fuertes con un olor de alcanfor que parece mentira.

Hay certidumbres que se huelen a distancias, e intuiciones que golpean corazones. Verdades invisibles que nadie atiende porque son tan abundantes como el aire y mentiras insólitas que dan muchos frutos porque con ellas se puede engañar y especular sin miramientos.

Hay evidencias en la mirada que muchos maquillan y mentiras mil veces escenificadas. También son grandes verdades de otros las que reproducimos como papagayos cuando dentro vivimos mentiras inconfesables. Copiamos verdades de puro aburrimiento. Y hasta las mentiras de tan requetetraídas se vuelven un faro en la noche.

Hay verdades que claman en el desierto porque a nadie le interesan, y mentiras que se transmiten vía satélite que todos aplauden. La verdad no tiene aristas y es de difícil manejo pues te deja vulnerable por dentro y por fuera, a diferencia de la mentira que tiene gafas de sol y etiqueta que en el reverso dice soy mejor que tú, superior a ellos. La mentira tiene dos estrategias, una de camuflaje y otra para llamar la atención. En cambio la verdad es daltónica no distingue más que corazones.

Sin embargo hay verdades testarudas, iracundas, orgullosas o cobardes. Verdades del corazón que desvirtua las verdades de la cabeza, o al contrario, verdades subjetivas que mean como los perros marcando un territorio de caza. Hay verdades del miedo y de la ignorancia que generan monstruos fuera y dentro y que justifican cualquier venganza, genocidio o masacre. Y hay verdades tiernas como brotes en primavera que los intereses creados hielan antes de sacar timidamente la cabeza.

Hay verdades de un solo momento que después lastimosamente quieren pervivir, pero son estatuas inmóviles que las palomas con el tiempo cagarán. Verdades de estanterías entre libros comprimidas que nunca tuvieron alas o que son simplemente cacofonías.

Verdades las hay, para todos, lo dice la constitución, que después la selva en la que todos habitamos desmiente. Tal vez las mentiras son proyectos de verdades a medio camino o verdades falseadas por el caleidoscopio de la vida. Atisbamos la tarea difícil de poner una frontera clara entre una y otra que además no cambie con las estaciones o con los humores de la luna o con otras nuevas verdades. Jugamos una partida de ajedrez con ellas, entre hipótesis y antítesis hasta que el nuevo paradigma cabalgue victorioso sobre las brumas de dudas y diga jaque mate.

Tal vez, al microscopio, la única diferencia entre verdades y mentiras resida en que éstas requieren, no sólo la compulsión de la lengua suelta, sino de cientos de mentirijillas que encubran la inconexión primera como si, inocentes, cientos de salvavidas pudieran detener el hundimiento de un barco a la deriva. Y es que hay verdades y mentiras idénticas, formuladas con las mismas y exactas palabras pues el universo es tan rico y variado que permite infinitas interpretaciones de lo mismo.

Pero si hay alguna diferencia está en el corazón que habla, en la intención que actúa, en las nuevas posibilidades que despierta, en la reserva moderada que atenúa cualquier sobredimensión no deseada, o lo que es lo mismo, la humildad desprendida ante la riqueza que nos trae una luz en la penumbra. Hay quien le llama sabiduría.

Con el permiso de Belle

martes 8 de diciembre de 2009

Nacionalpaletismo




Pensó que tenía toda la razón. Se emborrachó de famoseo. Quiso ser una mártir más para la causa. En el fondo era un instrumento más para confrontar intereses más ocultos. Los nacionalismos y las banderas siempre estuvieron reñidos con la inteligencia y la evolución.

lunes 7 de diciembre de 2009

" Los Tontus sapiens" Maruja Torres

Era difícil que Enrique Lynch superara el nivel de su artículo Revanchismo de género, publicado hace pocas semanas en este periódico, provocando tremenda indignación seguida de notable polémica. Sin embargo, el emérito profesor de Estética lo consiguió, fuera ése o no su objetivo. Agraviado por “todas las formas posibles de la necedad” desencadenadas por su ameno escrito, le responde a Milagros P. Oliva, defensora del lector de este periódico, con una pregunta deliciosamente ingenua al requerimiento de si, en el mismo, justifica la violencia contra las mujeres: “¿Acaso he demostrado yo ser un estúpido en los centenares de artículos y en casi una docena de libros que he publicado?”.

“Sólo lo son cuando conviene a sus prejuicios, su egoísmo, su vanidad”

Retórica demanda que provoca en mí una ternura casi sofocante. Pues, en el fondo, no dejo de pensar que el profesor Lynch se lo pregunta a sí mismo vergonzantemente. Pese a sus dotes, duda de si tal cantidad de trabajos ilustres –minuciosamente reseñados en su propio ego, perdón, web– le habrá convertido o no en un ser de inteligencia superior. Tanta sapiencia no le pone a salvo de esas grietas que, ocasionalmente, se abren en la mejor bastida de las petulancias. Señor, lo que tenemos que sufrir las madres.

Pero es el tal sujeto, o sea él, quien tiene la respuesta a semejante demanda. La hallé precisamente en dicho insondable lugar de Internet –ahíto de centenaaaaaares de artículos–, en una brillante entrevista que el mencionado docente concedió a uno de mis medios digitales predilectos, esponjiforme.com. Contestando a si la filosofía le ha servido para algo, replica:

“La filosofía me ha servido para conocer la obra de algunas mentes maravillosas, como Wittgenstein, Descartes, Nietzsche, Lévi-Strauss, Paul de Man, Hegel, entre muchos otros, y para comprender que la estupidez no tiene nada que ver con la ignorancia, sino que es una forma legítima de la razón”.

Acabáramos. Mas, antes de acabar, debo señalar que el subrayado es mío. Francamente, la magnitud de mi descubrimiento estuvo a punto de hacerme vulnerar las reglas del exhibicionismo de la escritura –resumidas en una especie de “el tamaño lo es todo”–, y por un pelo no lo reseñé en mayúsculas.

¿Un hombre dotado de semejante clarividencia puede producir un panfleto tan bobo? Es cosa bien sabida por las mujeres ilustradas, y padecida por las que lo son y por las que no lo son, que en todos los respetables niveles de la eminencia intelectual habitan tontus sapiens a punta pala. No es que los sapiens sean siempre tontus, aunque ello también puede darse. Sólo lo son cuando conviene a sus prejuicios, su egoísmo, su vanidad, su pedantería o su profunda desilusión. Ninguno de esos retrógrados ilustrados se corta cuando le tocan su punto débil: los maricones, las marimachos, los cafres negros, los bárbaros árabes. Las feministas. Como si su intelecto les diera patente de corso para los bajos instintos, las frustraciones.

Así, el caso del feminismo con fusta y botas altas que tanto asusta al sexagenario profesor. Cuatro años menos que yo, por cierto, y todavía luciendo públicamente la foto en la que aparece cuarentón, y con cierto aire a Leonard Cohen que debió de hacer estragos entre las alumnas. La vida ya no es lo que era, verdaderamente. Pero es más digno poner las fotos al día. Por muy conmovedor que lo contrario resulte a almas sensibles como la mía.

En un momento ‘tontus’, don Enrique escribió ese artículo. No pasa nada, profesor. La posteridad no se lo tendrá en cuenta. Mucho más cretino se mostró, por una vez, el doctor Freud con lo de la envidia de pene, y ya ve cómo se le recuerda. El buen Sigmund vino a decir que cuando las nenas ven el pito de un hermanito o de un compañero, visible y “de grandes proporciones” (misteriosamente, Freud era abstemio), lo reconocen enseguida como lo que les falta, y, llevadas por las ganas de tener uno igual, se mueren de los celos, y la carencia condiciona sus vidas.

Con lo fácil que es la siguiente otra explicación: las chiquitinas ven que el pobre chaval tiene todas las cosas sueltas al aire, con el consiguiente peligro de que se las amoraten a hostias, amputen con serrucho o lapiden con lapislázuli. Como consecuencia, experimentan hacia el macho una compasión que a veces incurre incluso en el malsano masoquismo. Y por eso ellos van tan anchos. ¿A que sí?

http://www.elpais.com/articulo/portada/tontus/sapiens/elpepusoceps/20091206elpepspor_1/Tes
Con el permiso de Belle

martes 11 de agosto de 2009

"Antes del tiroteo", Juan José Millás

JUAN JOSÉ MILLÁS


La gente que se muere durante la crisis debe de sentir, junto al fastidio lógico, cierta sensación de alivio. Es como irse de la reunión de vecinos antes de que empiecen las hostilidades. La vida tiene algo de reunión de vecinos. Llegas a un mundo incomprensible, situado en un suburbio del sistema solar, y, ¡hala!, ahí te las compongas. De repente, sales de la vivienda, tomas el ascensor y coincides con el del quinto y su señora, que están igual de despistados que tú.


- Deberíamos reunirnos -dice el vecino- para decidir si nos hacemos cazadores o agricultores.


-De acuerdo -respondes-, mañana a las ocho en primera convocatoria y a las ocho treinta en segunda.


Pues eso, os reunís, y resulta que un vecino ha inventado la guerra y otro ha inventado la electricidad y otro más ha descubierto la circulación de la sangre y otro se ha entregado a la Teología? Las reuniones de vecinos están bien mientras los niños son pequeños y no hay más remedio que alcanzar acuerdos básicos sobre el funcionamiento de la realidad. Pero a medida que la comunidad envejece son una lata porque salen todas las manías, todas, de los copropietarios.


Nosotros estamos en el momento de las manías, con un edificio, además, hecho polvo (calentamiento global, fusión de los casquetes polares, tsunamis a destajo?). Por si fuera poco, algunos vecinos no pagan las cuotas de la comunidad por culpa de la crisis. La vida se está convirtiendo en un asco, en fin. En tales circunstancias, seamos sinceros, morirse no está tan mal.


Ahí os quedáis, parecía decir el rostro de un amigo al que despedimos el otro día. Ha dejado una hipoteca más grande que el valor del piso para el que la pidió, lo que le traía frito durante las últimas semanas. El hombre entró en la especulación tarde y mal, como todas las personas corrientes y después de que su suegra le hubiera dicho mil veces que vivir de alquiler era tirar el dinero. Total, que se murió de asco. Pero yo creo que se murió con cierta sensación de alivio, consciente de que la vida no daba más de sí. Palmarla ahora es como irse del baile antes del tiroteo. R.I.P.

domingo 26 de abril de 2009

LOS PERROS DE JEZABEL

Estaban las murallas, esa tarde de campo estaban las murallas. Caminaba desnuda. La ciudad era otra, cambiante, más al sur, más antigua en el tiempo, quién sabe, o acaso más profunda. Ella estaba desnuda. Los perros la seguían por las viejas ruinas de una ciudad grandiosa. Las teselas brillaban bajo sus pies descalzos. Un perro se acercaba lamiéndole los pies, el viento hacía lo mismo con las hojas de acanto que, moviéndose, jugaban con la sombra. El mar era una llaga palpitando a lo lejos. Su silueta emergía detrás de la muralla como un copo de escándalo. Los perros aullaban. A su llegada todos acudían en ruedo. Desnuda y confiada se sentaba en el centro y vibraba en sus labios la canción que había aprendido de boca de unas lobas, más adentro, mar adentro quizás, en lo profundo de algún sueño de brujas. Cada perro, ordenado su gesto, se tumbaba. La ciudad, más moderna, o acaso menos dada a la belleza, seguía su trajín, llena de coches, vehículos ruidosos que cruzaban la tarde. Un humo espeso desprendía sus gasas sobre las ruinosas escalas de aquel templo. Ella, desnuda, en medio de unos canes que nunca morderían sus huesos. La muralla, sólo era, a pedazos, un marco diferente. Jezabel, no era ése su nombre.
(Con cariño, para Enfero. Dolors Alberola)

jueves 23 de abril de 2009

Érase la Espuma con una pluma...

¿No decía Quevedo
que había un hombre a una nariz pegado?
pues yo le remedo
pero con un hombre desnarigado.

Jajaja >:)))


Era un hombre a una naricilla fijado
Érase una nariz imperceptible
Érase una nariz exigua e inservible
Érase un amorfo muy achatado.

Era un reloj plano por cualquier lado
Érase una explanada impasible
Érase un aguijón casi invisible
Era Ramón Chatón apisonado.

Érase la redondez de una esfera
Érase el gran desierto de Atacama
Las siete Romas de alisados era.

Érase una pampa imperecedera
un pingüe pañuelo pero sin fama,
porque para mocarlo no hay manera.

miércoles 22 de abril de 2009

Opá yo viasé un Masmax

Con el permiso de un forero (El ferroviario) al que sigo hace tiempo con atención en el foro de burbuja.info, me permito traer una de sus intervenciones para poner en común no sólo sus ideas sino su manejo del lenguaje.

Para degustar:



"OPÁ YO VIASÉ MASMAX


He vuelto hace un par de meses de pasar unos inmerecidos días de asueto en Mallorca. Una semana, todo incluido como corresponde a mi lonchafinista condición y lo que he visto ha erizado el áureo y sedoso vello que desciende en catarata a lo largo de mi occipital hasta el punto de que ahora uso la nuca para rallar parmesano ,limarme las uñas y suavizar las durezas de los pies de mi señora.

Ha sido un viaje alienante y embrutecedor como corresponde al buen turismo de lumpen masa , de Todo Tirado en la hamaca hasta que se te borraba la raya del culo, comiendo y bebiendo como un obispo en cuaresma mientras la canícula embotaba mis sentidos y el ocio me envilecía.

El hotel venido a menos , cuya historia me contó un maduro maître desolado y escéptico, fue degradándose en los brazos de las agencias de viaje y del turismo de chanclas con calcetines , camiseta imperio y riñonera marsupial hasta convertirse en un remedo social de una grada inglesa de un estadio de fútbol en la hora feliz mientras entonan himnos salvajes de orgullo y odio.

De los 600 lereles por cabeza iban 300 al billete de avión , 100 a la agencia de viajes, y con los 200 que quedaban desayunabas , comías , merendabas, cenabas , bebías de todo lo que había ( alcohol incluido), dormías,y te hacían la cama y la habitación durante una semana.

En estas condiciones pueden imaginarse que tipo de fauna de pelagallos , pelafustanes y pelaespigas hozábamos en la piscina ,descalzos, apartando botes con los nigérrimos pies, bamboleándonos desgarbados al ritmo de infames canciones discotequeras ya demodés hace un decenio, escrutando gachís con amejillonados ojos, y ocultando con resoplidos soterrados eructos silenciosos y pestilentes de combinadas bebidas carbónicas y piógenos aperitivos.

Cuando bajamos a desayunar el primer día nos sorprendimos de las arraigadas costumbres que practican otros pueblos europeos en su primera pitanza matutina. Yo quería bajar de sport , que es el anglicismo para decir hecho un adán , naturalmente mi media costilla me fulminó con una mirada eléctrica y letal que ya quisiera Pikachu (el pokemon amarillo y atigrado ese que está en todas las casetas de feria en los pueblos y colgado de los retrovisores de los leones tuneados)

Me batí bravamente sin hacer aprecio de mi vida ante la enfurecida gárgola de mi señora y finalmente, al contrario que bobojista quien jamás se rinde por más evidencias que le acosen, claudiqué y me puse un pantalón vaquero. Bajé a regañadientes y al entrar en el restaurante miré de soslayo a mi emperifollada esposa, absorta y perpleja ante el abigarrado espectáculo de guiris en bermudas con sandalias descubiertas y camisetas sin mangas que se agolpaban como lechones ansiosos ante la plancha humeante trufada de aceitosas lonchas de bacón mientras sorbían ruidosamente las primeras cervezas del día.

Las inéditas combinaciones de ropa de los susodichos interfectos dejarían los corales submarinos de Cousteau en una gris y mortecina estampa de pálidos y monótonos contrastes. Camisetas de paramecios con bermudas de palmeras, camisas de nenúfares anudadas en el ombligo conjuntadas contra natura con slips de leopardo, pantalones militares y peludos torsos desnudos, culos femeninos de diámetro superior a la piscina enfundados en blancas mallas ajustadas transparentando tangas negros que cortaban el riego sanguíneo en la parte inferior del tronco…la nequicia del espectáculo atenazaba mi alma.

La mitad de ellos se bañaban con camiseta, pues durante los tres primeros días se torraban al sol desde el orto hasta la lipotimia. No salían del recinto en toda su estancia , sólo iban de la hamaca a la barra y de la barra a la hamaca, como un puto teleférico si me permiten motejar de ese modo el acuminado quiasmo.

Estando la epidermis en semejante estado imagino que de sexo no andarían muy sobrados, salvo que el efecto etílico les anestesiase los sentidos .


Iban algunos descalzos por el hotel, subían por los ascensores empapados , chorreando y con un granizado o un vermú en la mano, gordas viejunas con flotadores de pato, cuellicortos preadolescentes fumando delante de sus padres, hablando a gritos como españoles…los Gremlins a su lado hubiesen parecido los niños de San Ildefonso…y Tarzán un atildado Tom Wolfe.


Los animadores eran extranjeros y sabían un montón de idiomas, menos español. Y paseaban entre los despojos humanos intentando que jugasen al tiro al arco, a la petanca o a cualquier otra sandez de idéntico calibre que los sacase de las poltronas y les mantuviese alejados unos minutos del grifo de la cerveza.

Sólo tenía un moderado éxito el fitness matutino dentro del agua de la caliente pileta por que allí, incluso un hipopótamo se mueve con gracilidad,y de ese modo hacían más hambre para el buffet.

Sólo les faltaba mearse en la piscina.

Quiero decir desde el trampolín.

Avergonzado por tamaña agresión hacia el decoro , de pronto, a mi espalda, oí algo en la lengua de Cervantes que sacóme( admitase la proclisis) de mi estupor: “ Ninniiioo, ponme un zumo de cebadaaaa…”

Junto al chiringo de las hamburguesas había dos orcos gemelos de hipertrofiado abdomen, tatuaje chino, pendiente en las cejas y perilla mostoleña ( o alcorconera quizás ) ataviados con un calzón braga negro que dejaba intuir unas coquillas pequeñas y castigadas.


Se pillaron dos megaburguer con cervezas y se sentaron a dos metros de la barra con sus dos churris para jugar al mus.
Eran las once y media de la mañana. A las doce se levantaron a por más cerveza y cogieron diez o doce bolsas pequeñas de papas fritas onduladas. A las doce y media sonó en los altavoces la canción del Koala “ Opá yo viasé un corrá”.

Los orcos siameses se pusieron en pie y empezaron a bailar como Michael Jackson; uno se agarraba la coquilla tirando hacia arriba y daba grititos agudos, el otro reptaba hacia atrás como si patinase hasta llegar a la barra donde pidió otra hamburguesa.

“Mira Juani, tu Carmelo está hasiendo el Mungualker”, dijo una de las novias.

Los propios guiris estaban mirando y los animadores temían por sus empleos cuando , sin dejar de bailar, empezaron a pegarse por el cuerpo las calcamonías que les habían salido en las bolsas de patatas.

Las humedecían con su propia saliva y se las pegaban el uno al otro, todo en familia.

Parecían el coche de Fernando Alonso y yo comprendí que era una epifanía, que debía abandonar Gomorra.

Un economista argentino previó la crisis de su país al descubrir que hasta los sacapuntas eran importados…yo, al ver esos dos mórbidos cetáceos cubiertos de calcamonías


Este cenit de decadencia sólo puede ser el preludio de Mad Max; el Koala lo confirmaba, te decía a gritos que te hicieses un huerto con gallinas y conejos…” tengo las maeras y también las intensiones….”, la biomasa y la tensión ( el cliff de Olduvai), escuchado al revés era satánico y revelador a un tiempo.

Por eso los Illuminati han condenado al ostracismo a un icono de rock rural de esa estatura y le tienen ahora recluido en Guantánamo escuchando las veinticuatro horas del día a Papá Levante en discos de vinilo a 45 rpm.


Ozzy Osbourne se comía pollos vivos en los conciertos, otro Nostradamus advirtiéndonos del final pascuense, el Aserejé son los protocolos de los sabios de Sión en euskera…las señales están por todas partes para el ojo entrenado.

Regresamos a Salchicharro y les dije a todas que Mad Max era inminente.

“ ¿Qué hacemos , papá?” preguntó la mayor.

“ Lo primero ponle un foulard rojo al perropaco, como en la película…y tráeme la chupa de cuero negro…y los pantalones de pitillo” dije resuelto.

“ Lo eché todo al contenedor cuando te dijeron que a lo mejor te hacían jefecillo y empezaste a ponerte gomina, pantalones de pinzas y suéteres sobre los hombros….aunque sigues siendo un mindundi pero vestido de capullo” dijo mi señora.



Me cubrí el rostro con las palmas de las manos y empecé a sollozar con un hipo entrecortado asaeteado por los pensamientos de mi subalterna condición empobrecida por mi servil actitud y por el inminente colapso.

Mi amantísima esposa tomó mis manos entre las suyas y en un tono maternal y cálido me susurro: “ Cariño…estás gilipollas…el corral del Koala es financiero….ya lo dijo Tochovista.”


Írrito y sosegado me mecí en su regazo.
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Lo más sospechoso de las soluciones es que aparecen siempre que las necesitamos."